Veleros imaginarios que me llegan en la mente
que pasean por el agua, por el lago, por el río
mientras mi vida se acaba sin nigún remordmiento
al buscar algún motivo para escribir pensamientos
que rodean a la vida sin querer o por quererlo.
Veleros encantadores que viajan sobre las olas
cuando mis manos de plata duelen sin saber por qué
y no dejan teclear bien lo que quisiera escribir
desde el fondo de mi alma en pantallas de papel.
Vaya a saber si en el tiempo que me quedo a meditar
encontraría esperanzas de poder verte otra vez
en algún viaje en tranvía cuando admiraba tu piel
tomándome de algún lado mientras viajabas de pie.